Té de bosta vs. miso: cuando la gente tomaba caca para curar la guata
Antes, para el dolor de guata se tomaba té de bosta. Te contamos qué funcionaba, qué era mito y por qué el miso es la versión controlada de esa idea
Fernando y Melanie
10/10/20263 min read


Té de bosta vs. miso: cuando la gente tomaba caca para curar la guata
Oct 8, 2026 · @Fernando
Un día en el taller, Melanie soltó un dato que nos dejó con la cuchara en el aire: antiguamente, cuando a alguien le dolía la guata, le preparaban un tecito… de bosta. Por si no lo sabes, la bosta es el excremento del ganado, sobre todo de vacas y caballos.
Lo investigamos. Es verdad, más o menos. Y la historia termina, aunque no lo creas, en un pote de miso.
El té de bosta: un remedio de verdad
En las colonias alemanas de Virginia, EE.UU., el estiércol se usaba en cataplasmas y en té; el sarampión se trataba con té de estiércol de oveja (Germanna History Notes). En Alabama, el té de bosta de vaca era un remedio para todo, y en 2007 todavía había quien lo preparaba (Southern Cultures). Del caballo hay menos registros, pero la idea era la misma.
La "sopa amarilla" china
En el siglo IV, el médico chino Ge Hong trataba la diarrea severa con una suspensión de heces humanas, por boca (Du et al., 2019). En la dinastía Ming se usaba una versión fermentada para los males de estómago, con un nombre más amable: "sopa amarilla" (Pacific Standard). Fermentación y caca ya se habían cruzado hace siglos.
El mito del camello
Seguro has escuchado que los beduinos curaban la disentería con bosta tibia de camello, gracias a la bacteria Bacillus subtilis, y que los soldados alemanes los copiaron en la Segunda Guerra. En 2022, investigadores de Ámsterdam no encontraron pruebas independientes de esa historia, y la bosta de camello tenía tan poco B. subtilis como el suelo común (PLOS ONE, 2022). Mito desarmado.
Entonces, ¿funcionaba?
La sopa amarilla: probablemente sí, a veces. Es la lógica del trasplante de microbiota fecal moderno: repoblar un intestino enfermo con microbios de una persona sana. En un ensayo holandés contra C. difficile recurrente, al 81% se le cortó la diarrea con la primera infusión, contra 31% con antibiótico (Pacific Standard). Hoy, eso sí, los donantes se examinan con lupa.
El té de bosta: casi seguro no. El sarampión casi siempre se pasa solo, y el té se llevaba el crédito. Además, la bosta animal no trae los microbios de un intestino humano.
Y el riesgo era real: E. coli, Salmonella, parásitos y, en heridas, esporas de tétanos.
El instinto no era loco: microbios vivos para la guata. Lo que faltaba era control.
Del establo a la tinaja: el miso
El miso es la versión ordenada de esa intuición. Parte de un solo microorganismo elegido, el koji (Aspergillus oryzae), que rompe las proteínas de la soya en aminoácidos: de ahí el umami. La sal hace de portero: deja pasar a los fermentos que la toleran y deja afuera a los que enferman. Y el natto japonés usa justamente Bacillus subtilis, la del mito del camello, pero cultivado a propósito.
Lo que dice la ciencia hoy
En 2021, Stanford puso a 36 adultos sanos a comer hasta seis porciones diarias de fermentados durante 10 semanas. Su microbiota se volvió más diversa y bajaron 19 marcadores de inflamación (Stanford Medicine). El miso no estaba en la lista: es evidencia sobre los fermentados en general, no una promesa sobre el miso.
Moraleja
Los antiguos tenían razón en algo: la guata se cuida con microbios. Solo erraron en la fuente. Deja la bosta en el potrero y el miso en la cocina.
Tip Kojico: agrega el miso al final, con el fuego apagado. Si hierve, se pierde parte de lo vivo.
Este artículo es de divulgación y no reemplaza la consulta médica.
Fuentes
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